“Trilogía” de Jon Fosse

Trilogía | Jon Fosse | Año de publicación, 2014 | Año de esta edición, 2018 | De Conatus | 168 pp. VALORACIÓN: IMPRESCINDIBLE

La lectura de Trilogía me ha deparado dos grandes sorpresas. La primera, haber descubierto la maravillosa prosa de Jon Fosse (1959) en una obra que es, o debería ser, referencia indiscutible de la literatura contemporánea; el libro es una auténtica joya, y merece, al menos en este blog, la categoría de “Imprescindible”.

La segunda, el hallazgo de De Conatus, una editorial que recomiendo seguir de cerca por la calidad de todo su catálogo, y a la que, por lo pronto, debemos agradecer la llegada de Jon Fosse al español.

De este autor noruego se pueden dar maravillosas referencias procedentes de ránquines, estadísticas y reconocimientos de todo tipo. Por ejemplo: es considerado uno de los cien mejores genios vivos por The Daily Telegraph; es el dramaturgo vivo europeo con más obras representadas, nada menos que mil montajes en más de cuarenta idiomas; y ocupa la residencia oficial destinada al artista más importante del país, cedida por el mismo rey de Noruega. Además, es uno de los eternos candidatos al Nobel, “líder entre los aspirantes al Nobel” para ser más exactos (The Paris review).

Pero la mejor manera de testimoniar su importancia es atravesar la experiencia de leer Trilogía. Y digo experiencia, porque no importa lo mucho que hayas leído; cuánto creas saber sobre narrativa quedará en nada en el momento de introducirte en esta obra, que descoloca incluso a los más grandes lectores.

El punto de partida de cualquier lectura suele implicar seguir un argumento, comprender al protagonista, vigilar el desarrollo de los personajes, atender a las descripciones… Fosse huye de cualquier canon establecido, desplaza el foco de la narración para llevarlo a la conciencia. Es la conciencia misma de los personajes en la que nos adentramos para contemplar, pensar y sentir a través de ella el sentimiento de abandono, de culpa, la fuerza de los lazos familiares y la inmensidad del amor en un mundo hostil e implacable.

La libertad formal en la puntuación, esa manera de articular los diálogos (que nos recuerda constantemente a Beckett, sí), la sobriedad, incluso frugalidad de la narración, aligeran la carga de la prosa, permiten levantar el vuelo a las ideas, y a nosotros con ellas.

Algunos fragmentos que me han gustado especialmente

“Padre Sigvald dijo que al tocar, el dolor podía aliviarse y transformarse en vuelo, y que el vuelo podía transformarse en alegría y felicidad, y por eso había que tocar, por eso tenía que tocar él y algo de ese dolor debían de compartir también con los demás y por eso había tanta gente a la que le gustaba escuchar música.” (pág. 35)

“El destino del músico es una desgracia, dijo entonces padre Sigvald
Siempre fuera de casa, siempre marchándote, dijo
Sí, dijo Asle
Despedirte de la amada y despedirte de ti mismo, dijo padre Sigvald
Siempre entregándote a los demás, dijo Siempre, dijo
Nunca puedes estar entero en lo propio, dijo
Siempre intentas hacer enteros a los demás, dijo” (pág. 37)


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